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Cuando la culpa la tiene el otro... ¿Quién es el culpable?

03 DE MAYO DE 2020

CUANDO LA CULPA LA TIENE EL OTRO ¿QUIÉN ES EL CULPABLE?


Frente a este hecho inédito e inesperado, nadie, en ningún rincón del planeta, se pudo mantener ajeno a la infección, a las noticias o al miedo y la angustia. Seguramente, y anhelo que así sea, esta pandemia sirva para interpelarnos como sociedad, este constructo contemporáneo, esta realidad intersubjetiva que nos funde como especie, que gobierna y domina nuestras vidas, sin tener posibilidad de permanecer ajeno a ella.
Correrán ríos de tinta sobre explicaciones y presunciones de las posibles causas o fines que han motivado este inquietante escenario, desde las más inverosímiles hasta algunas que nos advertirán sobre nuestras propias creencias. Desde Teorías conspirativas varias, potencial Tercera Guerra Mundial biológica, diferentes Teorías evolutivas naturales, Mandatos divinos, cambios en el electromagnetismo terrestre por la creación de 5 G, etc.
Es difícil profetizar cual será la “verdad oficial”, la que se difundirá como el origen de todo, la que concebiremos con el tiempo sin grandes cuestionamientos. Pero mi análisis intentará ser desde un ámbito social, desde la perspectiva del paradigma socioeconómico, dominante y globalizante, en el que estamos imbuidos, y que nos atraviesa horizontalmente a toda la humanidad, el que nos moldea nuestras costumbres, creencias, ideas, historias, etc. Sabemos que el contexto nos constituye.
El Humanismo, producto (o responsable) de la Revolución Francesa, nos legó los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, base de nuestra modernidad.
El sistema capitalista al que asistimos hoy, el financiero, único sobreviviente del Siglo XX, plantea una sociedad atada sólo a uno de estos tres ideales revolucionarios: La Libertad. Y desde ella estimula una sociedad de consumo indiscriminado, absoluta independencia de mercado y de acción, donde el individualismo y la meritocracia son su principal bien moral. Esto ha llevado a una producción masiva, donde la economía del modelo se financia y subsidia a costa de los recursos naturales, la estabilidad del ecosistema y, demás está decirlo, de los otros dos principios fundamentales anteriormente mencionados.
La hipótesis que este virus emergió de la costumbre oriental de comer murciélagos recién muertos en un mercado de Wuhan, no explica semejante realidad que nos azota. Esto va mucho más allá de la cultura gastronómica china, a pesar de la estrecha convivencia entre el consumidor y lo consumido, sino que está relacionado a una forma de producción de cría industrial de animales, sin prever consecuencias indeseables para la salud mundial. Este método lleva a una pérdida de naturalidad absoluta de la fauna incriminada, como es la avícola, la porcina, la piscícola y otras, las que sufren encierro, sometimiento, manipulación genética, desgarramiento emocional, con el fin de ser “engordadas”, y puestas rápidamente a tiro para su comercialización voraz. Imaginemos así, que las epidemias de estos criaderos de hacinamiento, están al acecho, por lo que es indispensable la utilización ilimitada de antibióticos, antivirales, inmunoestimuladores, y sumémosle a ello, los alimentos sintéticos y transgénicos que requieren para su crecimiento. Esto no puede llevar a otra situación que la resistencia y mutación de muchos de los gérmenes que afectan a estos grupos animales. Animales contaminados por microorganismos que muchas veces, en su vida silvestre no afectan a otras especies, pero que ante la acción irresponsable del hombre modifican el microbioma de ellos, tornándose potencialmente transmisibles y patógenas para el Ser Humano. Somos contemporáneos de otras epidemias, como el SARS en Asia (2003), el MERS en Medio Oriente (2014), la Gripe aviar (2009) y la Gripe porcina (H1N1), conocidos como gripe A, e incluso hasta el HIV (virus del sida) que podría provenir de una mutación viral de simios, son explicables por este modo de producción.
La destrucción del medioambiente, la deforestación descontrolada, la contaminación de las aguas, el cambio climático, la desaparición de diferentes especies que regulan el ecosistema mundial, el hacinamiento en grandes urbes, medios masivos de transportes, y una globalización sin precedentes, forman el caldo de cultivo propicio para la propagación de una enfermedad hipertransmisible. Todo esto, resultado de un modelo socioeconómico que nos ha prometido “un mayor bienestar”.
Durante esta pandemia, paradójicamente, la libertad, principio elemental que le da vitalidad a este sistema, es lo primero que perdimos. Para subsistir a semejante embate de la naturaleza, debimos renunciar a ella. El mundo cambió dramáticamente. Nada es como antes. Nada hubiese podido ser imaginado 15 días antes de la declaración de la pandemia. Perdimos la libertad de acción, la libertad de movilización, la libertad de elección, la libertad de encuentros con los nuestros, la libertad de abrazarnos o besarnos.
Todo nos igualó, nos afecta y puede afectar a todos de la misma manera, ricos y pobres, viejos y niños, tecnócratas y analfabetos, empresarios y obreros. Pero desde ya que esta “igualdad” es metafórica: las consecuencias no son las mismas para todos.
Esta situación desnudó a un sistema absolutamente desigual, que prioriza la economía a la vida misma, pero por otro lado vislumbró una tenue expresión de Fraternidad y de solidaridad, que en muchísimas ocasiones sensibilizan hasta las lágrimas.
Digo tenue, porque también se han testificados conductas reprochables, inmorales y no deseables. Hay grandes empresas multinacionales, que se han beneficiado, y especulado con dicha situación. El mundo de las finanzas, construido por empresas no físicas, pero si con personería jurídica internacional, indemne al contagio viral, han continuado su accionar sin contemplación absoluta por el dolor. Las empresas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) están ganando fortunas extraordinarias tras esta situación, mucho más que lo habitual, donde la comunicación virtual se ha hecho más real que nunca. Incluso, siendo más terrenales, hemos visto como se especuló con los precios de elementos de primera necesidad, alimentarios, de higiene y protección.
Y desgraciadamente, creo que, la carrera por el descubrimiento de la vacuna, tiene intereses económicos más que fraternales. Lejos de haber una coordinación y cooperación científica mundial, hay una competencia desenfrenada de empresas farmacológicas internacionales por llegar primero al patentamiento y al honor.
Por otro lado, se debe analizar el rol del Estado en nuestra concepción de modernidad. Cuáles deben ser los alcances y responsabilidades inherentes a él. Desde la mirada del capitalismo financiero, sólo se concibe el garantizar la paz social, la propiedad privada y la libertad de las personas. Interpretación que indudablemente debe ser interpelada a la luz de los acontecimientos. El Estado debe garantizar, no sólo lo antedicho, sino también la salud, el transporte, la energía, el techo, la educación, la dignidad de nuestros mayores y sobretodo el trabajo. Hay bienes y derechos que no pueden ser considerados mercancías. No todo es negociable y redituable. En una gran articulación con empresas privadas y públicas, el Estado, debe coordinar y garantizar los derechos universalmente aceptados, patrimonios de la humanidad toda, que fundamentalmente dan sustento a la justicia social. El “Mercado” no garantiza igualdad ni fraternidad.
La dicotomía entre salud y aislamiento social considero que es inexistente. Ante esta amenaza no hay lugar a dualidades. La recesión económica es tan real y tangible como la pandemia misma. No nos permite elegir. Se debe comprender que estamos viviendo una situación extraordinaria de alcance social, ya que afecta al ámbito sanitario como al económico. La discusión se debe centrar en la cantidad de muertos que estamos dispuestos a tolerar en relación con la recesión.
Podemos discutir férreamente en cómo transitarla, en cuáles son los tiempos donde se debe priorizar una variable por sobre la otra, y cómo se puede amedrentar la pérdida económica.
Por eso, creo que, sólo un posible conflicto de intereses, podría dar lugar a semejante disyuntiva, ya que existe una concordancia mundial sobre las recomendaciones científicas versus las recomendaciones económicas.
Nadie duda del impacto que tendrá esta recesión económica a nivel mundial, ya pronosticadas por múltiples economistas como similar al Crak ´29, y es por ello que se debe y necesita consensuar medidas contra cíclicas a nivel mundial y nacional, y disponer de un Estado presente que implemente medidas en tiempo y forma para sobrellevar una situación, que por lo menos podemos calificarla como de extraordinaria e inesperada.

¿Qué hemos aprendido de todo esto?

Destaco la capacidad de plasticidad, de reinvención, de adaptación que hemos manifestado en tan poco tiempo. La solidaridad y la empatía ante personas desconocidas, sufriendo su sufrimiento. La amenaza no nos paralizó, nos reconvirtió, nos reinventó, logrando diferentes formas de trabajar, de educarnos, de comunicarnos, de entendernos, de ayudarnos, de relacionarnos.
Pero tenemos el deber de buscar un aprendizaje más profundo a esta catástrofe, que, a mi entender, es fruto del accionar nuestro, y que nos sirva para reflexionar sobre el constructo socioeconómico que nos rige, si pretendemos sobrevivir como especie, salvaguardando el entorno y cuidándonos colectivamente. Apuesto al capitalismo como paradigma de relación internacional, pero si no tenemos la grandeza de reconocer las debilidades y modificarlas, no lograremos torcer el curso poco alentador de nuestro destino.
Debemos comprender que las fronteras físicas, las religiones, las etnias, las culturas, el dinero, son invenciones que existen sólo en la imaginación del Hombre, a la que llamamos realidad intersubjetiva, pero que no modifican la realidad objetiva, la de las leyes naturales, que sí nos modifican a nosotros.
La naturaleza, una vez más, nos da la oportunidad de superar las miserias que nos caracterizan como especie, debiendo reinterpelar nuestra relación con el medioambiente. Si no es así, nada podrá detener la próxima pandemia. No podemos pretender un resultado diferente si no priorizamos la Fraternidad, si no equilibramos libertad con igualdad.

Dr. LUCIANO RECA - M.N: 96199 – M.P: 8726
MÉDICO CARDIÓLOGO
PROFESOR UNIVERSITARIO

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